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Hay una máxima irrefutable: “que la tecnología no pregunta, y que cuando llega, es para quedarse”. El impacto que la tecnología ha tenido en el tejido empresarial y en los despachos de abogados es de distinto grado, pero se mueve en la misma dirección. Pareciera que la innovación tecnológica es consustancial a las empresas (sobre todo a las grandes) y casi un desconocido en el ámbito de los despachos de abogados. Sin embargo, hoy un despacho es también una empresa y vive exactamente la misma realidad que aquella. Lo que sucede, en mi opinión, es que existe en el sector legal cierta resistencia al cambio.

La combinación de innovación, tecnología y derecho va in crescendo y se postula como otra forma de hacer lo de siempre, pero de forma diferente, mejorando la relación con los clientes y la calidad de los servicios prestados, además de dejar espacio para nuevas posibilidades que acompañan y hacen posible la innovación empresarial. Esta combinación, por ejemplo, dará lugar al trabajo de equipos multidisciplinares en línea con una economía cada vez más colaborativa. De hecho, en este momento es raro encontrar un proyecto que no tenga un mínimo componente tecnológico. Y lo que busca el empresario o el promotor de una nueva idea (y potencial cliente) es que su proyecto sea entendido desde la base para que, desde ese conocimiento de la tecnología, la solución jurídica adoptada sea la más adecuada, en términos de gestión global y no sólo de técnica-jurídica (que también).

Sobre Blockchain. Hace pocos meses rara vez se oía o leía nada sobre esta tecnología. Hoy es complicado no encontrar dos o tres noticias, en medios incluso no especializados, relacionadas con esta tecnología, que va mucho más allá de bitcoin. Es verdad que Blockchain no vale para todo y está en una fase de desarrollo aún muy preliminar, pero una vez comprendido esto, que la cadena de bloques trae consigo nuevos modelos de negocio y nuevas formas de trabajar, es para mí indiscutible. En mi opinión, una de las principales herramientas de las que Blockchain dota al sector legal son los contratos inteligentes (Smart Contracts). Actualmente su uso plantea importantes retos jurídicos a los que, poco a poco y con la práctica, se irá dando solución, pero su potencial es indiscutible en términos de transparencia, eliminación de intermediarios, seguridad jurídica y ahorro de costes. Los contratos inteligentes no van a eliminar puestos de trabajo sino que van a obligar al abogado a trabajar de forma distinta y con una perspectiva interdisciplinar porque, aunque sean programas, los Smart Contracts han de ajustarse a Derecho, y esa es una labor del abogado: garantizar a su cliente que con el desarrollo informático realizado, sus derechos están asegurados.

La inteligencia artificial también está cada vez más instaurada en el sector legal. Su uso en el ámbito jurídico ya es una realidad y a nadie se le escapa la cantidad de recursos que los grandes despachos (incluso de la mano de grandes empresas) están invirtiendo para mejorar los procesos internos (y con ello el servicio al cliente) utilizando inteligencia artificial para tareas antes desarrolladas por abogados con poca experiencia. En mi opinión, el impacto de la inteligencia artificial es importante en el desarrollo futuro de la abogacía. Permitir que ciertas funciones más rutinarias las lleve a cabo la inteligencia artificial ahorra tiempo y permite dedicar recursos humanos a otras tareas donde el ingenio y la formación jurídica aporten más que la inteligencia artificial. Nuevamente, la inteligencia artificial no es una amenaza sino otra herramienta de mejora.

Afecta también a la abogacía el Big Data, y no conviene subestimar su importancia. La inteligencia artificial en el sector legal (y no solo en éste) con frecuencia lo utiliza. Las fronteras se difuminan cuando hablamos de nuevas tecnologías, y en el marco del Big Data, dar con el algoritmo adecuado al fin deseado es tan importante en el sector jurídico como en cualquier otro. Otro ejemplo de innovación es el Internet Of Things, que nutre el Big Data, y que ha puesto sobre la mesa una nueva realidad de cara a la protección de los derechos de carácter personal, con particular énfasis en la protección de los menores y la privacidad.

Por otra parte, existen innumerables ejemplos de aplicaciones que facilitan el desempeño de la actividad jurídica. En este punto, me parece importante citar algunas de las más novedosas en detrimento de las ya conocidas. En el primer Global Legal Hackathon celebrado hace pocas semanas en la Universidad Francisco de Vitoria, los proyectos presentados (la mayor parte de ellos sobre la tecnología Blockchain) ofrecían importantes soluciones tecnológicas para el sector legal: desde un sistema arbitral ágil y seguro hasta un sistema de elaboración de documentos societarios (actas de junta o consejo, certificaciones, etc…), el proyecto ganador, que permite el control a distancia del cumplimiento de la normativa sobre prevención de riesgos laborales, o el liderado por SmartLegalTech (del que soy co-fundadora) que proponía (sobre Blockchain) una fórmula para eliminar la reventa indiscriminada de entradas en eventos, dando solución a los problemas que se generan en el ámbito de la propiedad intelectual. En definitiva, en el evento quedó patente que el sector jurídico se encuentra ocupado (que no preocupado) en hacer frente a los nuevos retos haciendo uso de la tecnología y de la creatividad.

Por tanto, la tecnología indiscutiblemente ha tenido y tiene (y esto es de siempre, no es una novedad) un impacto sobre la profesión de la abogacía. Y ese impacto debe seguirse de cerca por todos los implicados y desde total y absoluta tranquilidad, porque nos encontramos en un periodo de cambio (que en Mind The Law llamamos “de transición”) en el que la realidad analógica debe acompañar a la realidad digital. Y ambas realidades deben caminar juntas para evitar conflictos y asegurar una evolución tranquila y sin prisas. Pero que el seguimiento debe hacerse es evidente, y que el abogado que no lo haga se quedará fuera, pues también.

Concluyo: la tecnología es ya una parte esencial de nuestras vidas y quedarse al margen no es una opción para nadie, tampoco para los abogados, a los que ya se exige un absoluto conocimiento tecnológico y grandes dosis de innovación y creatividad.

En definitiva, los abogados no van a desaparecer, simplemente se les van a exigir nuevas habilidades que darán lugar a nuevos perfiles laborales.

La situación actual exige digerir muchos cambios, pero lo que es indiscutible es que la tendencia hacia la innovación tecnológica es global y el sector jurídico no es una excepción.

Foto: Josue Cuellar