Hoy quiero hablar de unos proyectos que me llaman mucho la atención, las Smart Cities.

Cuando oímos hablar de Smart Cities o Ciudades inteligentes, directamente nos imaginamos ciudades del futuro, pero más que un planteamiento de futuro, son inminentes y en mi opinión, necesarias.

Según un estudio de la OCDE el crecimiento de la población mundial va a ser masivo en 2050 por lo que nos podemos imaginar lo esencial que puede ser la articulación de medidas que hagan a las ciudades habitables y sostenibles, tanto en la calidad de servicios públicos que no puedan responder por sobredemanda como problemas medioambientales, incremento de costes en la luz, agua y gestión de residuos, aumento de contaminación, o problemas de movilidad en carreteras por el exceso de tráfico, entre otros.

Este tipo de proyectos llevan ligado un proceso de transformación de mentalidad unido a la transformación digital e integran una triple vertiente del desarrollo sostenible, pero ¿Qué es eso de desarrollo sostenible? Se basa en aprovechar las oportunidades tecnológicas integrando tres vertientes de forma coordinada: sostenibilidad económica, sostenibilidad ambiental y sostenibilidad social.

En definitiva, las ciudades inteligentes según Telefónica, “son un medio para mejorar los servicios públicos, la calidad de vida de los ciudadanos y para transformar la relación entre entidades locales, empresas y ciudadano buscando un modelo sostenible”.

La realidad de las Smart Cities va mucho más allá de lo tecnológico, ya que la tecnología se presenta como un mero instrumento para alcanzar las metas previstas mediante el uso de sensores, el Big Data, IoT y procesos de participación ciudadana. Lo que conlleva que en un futuro inaplazable las ciudades se convertirán en el centro de una sociedad digital y colaborativa.

Y ello no pasa inadvertido en organismos internacionales que están apostando de lleno por estas iniciativas como la “Estrategia Europa 2020”, el “National Smart City Strategy” de los Países Bajos o el “Plan Nacional de Territorios Inteligentes”, entre otros.

Pero para aterrizar un poco más en que se basan estas nuevas ciudades 4.0, os diré que se concretan en seis puntos básicos: por un lado, Smart Economy, referido a nuevos negocios digitales, nuevos modelos de producción, modelos de entrega, etc., por otro, Smart Enviroment, que hace referencia a la sostenibilidad ambiental y al respeto por el entorno que nos rodea, reduciendo emisiones de Co2 y, apuesta por el desarrollo de edificios inteligentes, el Smart Gobernance, que reta a  la plena participación de los ciudadanos en la toma de decisiones en el barrio, distrito junto con sistemas que garanticen la privacidad de sus datos y participación real en procesos de consulta, el Smart Living como mejora de la calidad de vida de los ciudadanos en el entorno de las urbes, la Smart Mobility o movilidad sostenible basada en coches eléctricos, alquileres de bicicletas o trasporte público efectivo y, por último, Smart People que conlleva la formación de la población acerca de las posibilidades que le ofrece la Smart City, mediante la participación en los procesos de toma de decisiones, lo que supone una larga tarea de concienciación de los beneficios que ello reporta.

Para ello es muy importante que todos los elementos y herramientas de Ciberseguridad garanticen la privacidad de las comunicaciones y la gestión de sus datos producidos desde la propia urbe por los ciudadanos. Si algo es clave en este entramado es el gran volumen de datos a interpretar, de forma segura, anonimizada y bajo los estándares del RGPD (eso esperamos) y la necesidad de disponer de técnicas y Know How para analizarlos y así mejorar la prestación de los servicios públicos. Debido a la generación masiva de datos, aparecen estrategias Open Data con el objetivo de facilitar la información recabada para que los ciudadanos puedan reutilizarla generando con ello un valor social o económico, así como la transparencia del gobierno y participación ciudadana. Pero para que se consideren datos abiertos deberán cumplir con las directrices del Congreso Internacional de Ciudadanía Digital, Sea como fuere, lo que resulta imprescindible es que, para poder hablar de una ciudad colaborativa, los ciudadanos debemos podamos acceder a los datos generados y ese mayor conocimiento de la población puede mejorar las oportunidades de negocio.

Teniendo en cuenta que la nueva Ley 9/17 de Contratos del Sector Público (LCSP), atribuye un enorme peso a la innovación, calidad y a los aspectos medioambientales y sociales, parece una importante oportunidad para todos aquellos empresarios que deseen, de alguna manera, participar de estos proyectos ya sea mediante sus propuestas de licitación o fórmulas de colaboración, también es una buena oportunidad para que las llamadas tecnologías disruptivas (como Blockchain) puedan empezar a tener calado en nuestro día a día.

Con las Smart Cities, el ciudadano se encuentra en una nueva realidad de conectividad permanente, de sostenibilidad ambiental y social, de soluciones óptimas a través de sistemas automatizados, de información just-in-time, etc…, poniendo encima de la mesa profundos desafíos del futuro que sin duda ofrecen un claro cambio de paradigma.

Foto: Mauricio Mascaro