O al menos eso dice Xu Yan, policía en Guiyang (China) a la BBC. Y es que hace apenas un mes saltó a luz la noticia de que China ha implementado la red de videovigilancia más grande y sofisticada del mundo. Actualmente unos 170 millones de cámaras de circuito cerrado configuradas con inteligencia artificial, están desplegadas por todo el país para vigilar a la población y tener acceso a toda su información y rastreo de movimientos.

Según las autoridades chinas, este sistema sirve no sólo para evitar el crimen sino también para prevenirlo, pero no bastando con ello, la policía china además usa unas gafas de reconocimiento facial (por supuesto también equipadas con inteligencia artificial) al más puro estilo de la serie Black Mirror (de la que por cierto me declaro fan). Esta es una realidad presente en el día a día de los ciudadanos chinos. Estas gafas negras equipadas con cámaras cruzan información con la base de datos policial y listas de sospechosos.

Aunque la utilización de sistemas de vigilancia mediante cámaras no nos debe sorprender lo cierto es que técnicas parecidas se usan por ejemplo en Nueva York, dónde los policías también usan cámaras en su uniforme durante sus horas de trabajo para filmar todo lo que ocurre cuya iniciativa se basa en una sentencia judicial del año 2013 con el fin de acabar con el racismo de hispanos y afroamericanos por parte de las fuerzas de seguridad neoyorquinas.

Y aunque en Europa la protección de la privacidad de las personas es una de las tareas más importantes, no nos escapamos de sistemas sofisticados de vigilancia como por ejemplo en Barcelona, donde la Generalitat, para evitar el fraude en el uso de los billetes de tren, ha implantado una red de cámaras capaces de captar imágenes incluso en condiciones de luz muy desfavorables, siendo lo verdaderamente preocupante su combinación con sistemas de inteligencia artificial lo que generaría enormes flujos de datos, aunque la diferencia con los asiáticos es que en España, sólo en ciertos casos los Cuerpos de Seguridad de Estado puede acceder a dichas imágenes.

O incluso las “cámaras on-board” que suelen incorporarse a los vehículos y partiendo de la base de que su recabación de imágenes es considerado como un dato de carácter personal, la Agencia Española de Protección de Datos emitió una Guía de Videovigilancia y varios informes cuya actualización está contemplada en su plan estratégico de 2015-2019 y cuya utilización estaría permitida siempre y cuando se persiga un interés legítimo (como sería en este caso las infracciones de tráfico) y aplicación del principio de proporcionalidad pero extremando numerosas cautelas como por ejemplo su activación sólo cuando se produzca el evento o difuminar la imagen de las personas, etc.

Pero volviendo al caso de China, el fin de esta nueva técnica no es sólo evitar crímenes, si no verificar la identidad de todas las personas que escanea de tal manera que me temo que ya no es posible deambular por china con documentación falsa con lo que, está demostrando ser pionera en sistemas de reconocimiento facial, siendo ésta ya una herramienta habitual no sólo para el control policial, sino incluso para poder pagar en un restaurante o en un supermercado reconociendo las facciones de tu rostro y pagas “por la cara”.

Para el Partido Comunista Chino se trata de una gran apuesta para la seguridad nacional.  Y es que todo ello forma parte de su más ambicioso plan para el 2020 de sistema por puntos o también llamado Sistema de Crédito de Zhima. (Si, si, como el primer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror en el que la valoración de una persona estaba emitida por el resto de los individuos y cuya nota obtenida te daba acceso o no a cosas cotidianas del día a día).

China está igualando a la ficción, va a ser una realidad para la comunidad. Este sorprendente sistema puntuará a los ciudadanos basándose en algoritmos analizando la pista digital de cada individuo de forma que toda su información, hábitos, cumplimiento o no de obligaciones, preferencias, etc., conllevará una puntuación de modo que la sociedad se dividiría en “ciudadanos modelo” y “ciudadanos de segunda” cuyo efecto de la segunda categoría sería por ejemplo no poder acceder a un crédito, o a determinados trabajos. Por lo que disponer de una alta puntuación supone un símbolo de estatus social.

Lo más preocupante son sus implicaciones desde el punto de vista de la privacidad temiendo que sean usados para otros fines en un país donde no se vela precisamente por el respeto de la intimidad de las personas (de otros derechos constitucionales ya ni hablo).

Y esto es un claro ejemplo de, cómo diría, Ena Carballo: “Las nuevas tecnologías son neutras, las puedes usar bien o… las puedes usar mal”.