O al menos eso dicen.

Según los expertos, aceptar las condiciones de uso de apps de descarga y utilización gratuita resulta a veces parecido a vender tu alma: supone la renuncia más absoluta a nuestros derechos en materia de privacidad.

Dicho de otro modo una vez aceptadas las condiciones que te imponen para el uso de la app, los usuarios dejamos de tener control sobre nuestros datos, que pasan a ser utilizados para llevar a cabo todo tipo de investigaciones y análisis que poco o nada tienen que ver con el servicio que se nos está prestando.

Nuestros datos de localización, afinidades, las palabras que utilizamos en nuestras búsquedas, y otros grandes datos, tienen a día de hoy un valor incalculable. Con ellos, y tras el adecuado tratamiento, se pueden conocer nuestras preferencias, gustos, ocio, relaciones personales, orientación sexual, formación, y, en definitiva, hacer análisis predictivos sobre nuestras “potenciales” conductas, lo que desde luego coloca a las grandes organizaciones en una situación de absoluta y rotunda ventaja con respecto a nosotros, que somos la única fuente de esos datos.

Esas investigaciones y análisis permiten después, teniendo en cuenta nuestros hábitos de navegación, dirigir adecuadamente los anuncios publicitarios, relacionarnos con personas con las que se nos presume una afinidad o cercanía, o poner a nuestra disposición productos o servicios adecuados a nuestros presuntos perfiles.

Muchas grandes organizaciones, utilizando avanzadísimas tecnologías dirigidas a la búsqueda del “dato”, sortean las normas que protegen nuestra privacidad y utilizan su producto para fines que en muchas ocasiones escapan a la imaginación de cualquiera.

Parece sin embargo que estas libertades van a recortarse cuando tenga lugar la entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Protección de Datos, que entre otras cosas pretende devolver a los usuarios el control sobre sus datos. A partir de entonces, todas las empresas, cualquiera que sea su sede, que presten algún servicio, gratuito o no, a usuarios residentes en la UE, están obligadas a cumplir sus prescripciones. Esto significa que las grandes GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y otras aplicaciones de uso masivo y gratuito habrán de pensar en qué hacer cuando tengan que pedir a sus usuarios que consientan de manera explícita el tratamiento de sus datos para finalidades que nada tienen que ver con el servicio que dan.

Ya existen estudios que indican que tan solo el 10% de las empresas estará adaptado a los mandatos del nuevo Reglamento a fecha de su entrada en vigor. Y yo me pregunto ¿cuál será su impacto en las cuentas de resultados de esas organizaciones que hacen de nuestros datos su principal producto? ¿Permitirán un pedacito de la tarta a los que somos la fuente principal de sus ingresos? ¿Inventarán algo que les permita continuar no siendo del todo transparentes?

Veremos.

Foto sacada de Flickr Autor Maxcilla.