Después de los años de Universidad llega el momento de pasar de estudiante a trabajador. La preparación ha sido amplia, profunda y exigente, sin embargo en la mente siempre se formula la misma pregunta: ¿me habré preparado lo suficiente?

Todos sabemos que el salto es grande, y que poco o nada se asemeja la vida académica con la profesional. El mercado laboral busca, cada vez más, gente mejor preparada, que se diferencie por encima del resto. Los estándares que hace una década servían para conseguir buenos trabajos están obsoletos, y hoy en día son el mínimo que exige el empleador.

Es por esto que los estudiantes de ahora, incluso ya en su etapa de colegio o instituto, saben que no basta con saber inglés perfectamente, si no que necesitan hasta dos o tres idiomas que les posicione. Otro ejemplo está en el mundo informático; si hace veinte años eran pocos los que se manejaban con total naturalidad en Internet, hoy son los niños quienes enseñan a sus padres a desenvolverse con los últimos aparatos electrónicos adquiridos. En el Derecho sucede más de lo mismo: ¿quién iba a decirnos a principios de esta década la importancia que empiezan a tener las implicaciones jurídicas de las Nuevas Tecnologías?

Todo nos lleva a reflexionar sobre la pregunta que encabeza este artículo. Creo que la respuesta debe ser que sí, que con la dedicación y esfuerzo necesarios se puede estar a la última, sobre todo en aquello con lo que lidiamos diariamente en nuestra profesión. Pero, ¿es esto suficiente para conseguir buenos puestos de trabajo y ser grandes profesionales? Mi respuesta debe ser que no.

Considero que este proceso de “estar a la última” no puede nunca dejar de lado ni olvidar aspectos tan importantes como el para qué hacemos lo que hacemos. De nada me sirve ser el mayor experto mundial en tecnología blockchain, por ejemplo, si no consigo con ello mejorar la vida de los que están a mi alrededor.

En definitiva, siempre podremos estudiar nuevos idiomas, nuevos sistemas de producción o nuevas tecnologías, pero lo que verdaderamente nos diferenciará es haber cultivado esos valores (esfuerzo, integridad, excelencia…) que no pasan de moda y que nos ayudarán a dar sentido a todo lo que se nos ponga por delante.