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El tema del post de hoy no es precisamente agradable, pero lo escribo porque nace de mi furia en relación con una realidad muy rentable, el tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual (en especial de mujeres y niñas, los colectivos más vulnerables). Tenía este asunto un poco aparcado (que no olvidado) hasta que hace poco leí la noticia del entrenador de gimnastas en EEUU que acaba de ser condenado por abuso sexual de un número escalofriante de ellas. Esta noticia reavivó bruscamente en mi conciencia muchas de las cosas que pospuse hace unos años. Entre esas cosas cuento la tesis doctoral que quería hacer para contribuir a luchar contra ese aberrante tráfico. Creo que a pesar de los informes y documentos que leí durante años y a pesar de las consultas con expertos que tuvieron la paciencia de hablar conmigo para orientarme y poder centrar mi tesis, mi cabeza no era capaz de concebir que realmente algo así estuviese sucediendo. Aún hoy me cuesta creerlo.

 

Casi todos los expertos a los que consulté en esos años ponían el acento en la investigación de los movimientos de capital que este tráfico generaba, exento de todo control y fruto del negocio más rentable que se conoce. En el tráfico ilegal de armas, se vende el “producto” una sola vez, a la niña prostituida, sin embargo, la puedes vender diez o quince en una sola noche o vendérsela a otro traficante cuando quieras ofrecer algo nuevo a tu clientela. Tristemente esta funesta actividad es una fuente continua de ingresos.

 

Pero, en definitiva, yo no soy de números y poco a poco fui aparcando la idea de la tesis, por eso y porque afectaba profundamente mi estado de ánimo. Tras muchas vueltas y muchos años, ahora tengo un despacho de abogados, una socia que es mejor que ganar la primitiva y un ambiente de trabajo delicioso. Y se me escapa la razón por la que justo ahora, viendo a esas ex gimnastas dirigiéndose a su agresor, con voz, micrófono y difusión en TV, me ha vuelto todo aquello de golpe.

 

Dicen que siempre pasa lo que tiene que pasar y que todo tiene su momento, y quizá por eso me acordé. Me explico. Abrí un despacho hace algo más de dos años (Mind the Law). Su naturaleza está íntimamente ligada a las nuevas tecnologías porque es apasionante investigar y estudiar sobre blockchain, contratos inteligentes, big data, inteligencia artificial, etc. Está claro que el potencial de las nuevas tecnologías revienta desde sus bases todos los paradigmas por los que, hasta ahora, gran parte del mundo se venía rigiendo. Y está claro que habrá (ya los hay) cambios radicales.

 

El caso es que me ha dado por pensar que el momento de recordar aquellas inquietudes no ha sido casualidad y me pregunto si tendrá que ver con mi implicación en nuevas tecnologías y mi asombro por su gran potencial. Quizá ha llegado el momento de aunar esfuerzos y permitir que la innovación cree nuevos “casos de uso” por los que la tecnología a nuestra disposición nos permita luchar contra esa impertérrita realidad de forma más enérgica y eficiente.

 

Sinceramente, no sé cómo se plantea una lucha contra el tráfico de mujeres y niñas blandiendo las nuevas tecnologías como arma. De hecho, no sé si quiera si ya se está haciendo (lo presumo). Sí me pregunto, sin embargo, cómo es que estamos ahora tan preocupados con la protección de datos y su nueva regulación, con el problema de la seguridad en las redes sociales, con lo que las fintechs harán (o no) a las entidades de crédito, con la PSD2, con la customización del big data a través de eficaces algoritmos para campañas de marketing… pero tenemos este tema en el último lugar (o casi) de las tareas pendientes.

 

Está visto que los países no son capaces de ponerse de acuerdo en casi nada. Sea cual sea la gravedad del problema. Pero es que, si de algo va esta nueva realidad tan tecnológica y apresurada, es de descentralizar, de eliminar intermediarios, de ser cada uno un nodo y trabajar hombro con hombro. Recordarán que primero nació bitcoin y con ella la descentralización. Luego tímidamente empezamos a oír hablar de la tecnología subyacente, blockchain y hoy no pasa ni un día sin que se le descubra una nueva utilidad en cualquier área del conocimiento. Eso me da esperanza, porque si hay interés en ganar esta guerra, al menos puede abrirse otro flanco en la batalla.

 

Es necesario recordar que la tecnología en sí misma es neutra, lo que la califica es el uso que de ella se haga, y pocos me parecen tan merecedores como el que se trata en este post. Para reavivar el interés en la lucha contra la trata bastaría con imaginar que uno de los números que aparecen en esos informes se corresponde con su hermana, hija, mujer o madre. Da vértigo.

 

En lo que a mi respecta, retomaré donde lo dejé. No sé si llegaré a doctorarme (que conste que no creo que eso fuese útil para el objetivo que propongo), pero sí me comprometo a buscar la manera de contribuir para inclinar la balanza del lado de esas mujeres y niñas.

Foto sacada de Flickr Autor MARTÍN_O