Escuchar al alemán David Garrett tocar el segundo movimiento de la suite no. 3 de Bach o Viva la vida de Cold Play con unos violines más antiguos que nuestro Código Civil, nada menos que un Stradivari de 1718 y un Guadagnini de 1772. O escuchar a 2cello despeinándose con igual pasión al interpretar obras clásicas con un chelo eléctrico o contemporáneas con unos clásicos, me hace pensar en la forma de ser abogado.

Y no me refiero a cómo ejercer la abogacía o prestar los servicios jurídicos, cosas bien distintas aunque confluyen en lo mismo.

Ser abogado es como ser médico. No es como aquel que estando en paro de larga duración me dijo que era Director General. Entiendo más a aquel otro que me dio la noticia de que había ”abdicado del Derecho y de ser abogado”.

Cómo se puede ser sin ser o hacer sin ser o ser sin hacer! Todo confluye.

Es, quizá, saber hacer.

El saber hacer en el sentido francés del savoir-faire, esa sabiduría no solo de técnica jurídica, sino de sentir con el cliente lo que quiere, necesita y le interesa, que no siempre coinciden. Y sobre todo se trata de acompañarle. Pero, esto se oye mucho en los últimos tiempos. Y qué es realmente?

Volvamos a la música. Trabajar con un instrumento tan delicado como un Stradivarius e interpretar un clásico o un contemporáneo o tocar un chelo eléctrico reinterpretando una composición clásica cuidando que el resultado sea tan elegante y respetable como la original quizá tenga más que ver con aquella frase de Pau Casals: « No toquéis las notas, tocad lo que significan las notas! »

Ser abogado hoy es como tocar lo que siginifican las notas con
con un Stradivarius al interpretar “Viva la vida”. Y también lo es como tocar con un chelo eléctrico un clásico como Bach.

El ser abogado con o sin internet, con o sin block chain, con o sin smart contracts va más allá. Mucho más allá. Y probablemente tenga mucho que ver con la delicadeza del intérprete al tocar el Stradivarius o el chelo eléctrico, y mucho más con la delicadeza con la que que queremos ser abogados cada instante: cómo queremos tocar las notas, el Derecho, para poder dejar oír la música en la versión que nuestro cliente necesita poniendo a su servicio lo mejor de nosotros mismos y lo mejor que el Derecho, en cada momento y circunstancia puede ofrecerle. Y eso tiene que ver con el ritmo, los tempos, la coordinacion, el oido, el cuidado del instrumento, de nuestros colegas y colaboradores, … y más cuando se toca en orquesta.

El Derecho va de personas y de leyes que sirven a las personas. Y al final todo se nota en el resultado, en la música.

María Bacas Malo